domingo, 2 de enero de 2011

te lo encontrarás por el camino

Sil vas, escucharás la múlsica antes

viernes, 13 de agosto de 2010

rotunda afirmación

el tabaco no es vicio sino oficio

miércoles, 21 de julio de 2010

reflexión

Yo tampoco soy tú, eso lo tengo absolutamente claro

miércoles, 23 de junio de 2010

a antonio rómar, arturo martínez e isabel garcía mellado

La Manga es una paraje sin igual, donde el mediterráneo muerde la tierra firme desgastada por un mar muerto de olas, con sal. Boleras que algún día fueron. Casinos destruidos que mantienen el olor a la moqueta por el que algún día, hace muchos años ya, desfilaron las más bellas jóvenes de este país, este país… que caía rendido a los pies de este endecasílabo veraniego, el sol fulgente de mis bellos días. Lágrimas de sol, sal, escuece la mar, mal, mar, mierda al sol.

martes, 15 de junio de 2010

A Batania

yo ayer llamarte
ayer yo te llamar
ayer yo llamarte
llamar ayer yo te
ayer te llamar yo
yo te ayer llamar
ayer yo te llamarte
te ayer yo llamar
te yo llamar ayer

lunes, 24 de mayo de 2010

a Paco Sevilla

Eres una barbacoa
sin carne
sobre
la
parrilla.

Eres una barbacoa
recién afeitada

con
chocolate frío
sobre la almohada,
y burbujas con
alcohol
para ver a través de la ventana de cristal.

Eres una barbacoa
sin pétalos ni color ni besos en el cajón

Eres una barbacoa
con tu propio arcoiris.

sábado, 22 de mayo de 2010

Berlin, 1936

Me llevaste a cenar a un restaurante oriental bastante caro en Mitte, la zona más cara y pija de Berlín, donde las bicicletas están prohibidas y los turcos necesitan anillos de oro para poder pasear. Yo nunca he necesitado restaurantes caros, ni camareros que te llenan el vaso a cada trago que das. Nunca lo he necesitado y nunca lo he querido. Me sentía ridícula en ese ambiente naïf de alquiler. Me quería marchar, salir corriendo destrozando todo aquello que me encontrara, quería arañarte la cara por pensar que me sentiría sorprendida por tanto lujo a tu alcance. Sin embargo me quedé allí clavada, paralizada, viendo pasar camareros y escuchando risas engordadas de dinero podrido. Callada. Superada y arrasada.

 

El camarero trajo la ensalada de frutos rojos que nos había sugerido, y tú le pediste que lo preparara para llevar, que toda la comida que habíamos pedido la preparara para llevar y nos cobrara rápidamente, que nos íbamos a ir porque no estábamos a gusto. Me llevaste a un taxi volando de la mano hasta nuestro Hostel, a comer sobre nuestras camas esa comida de restaurante caro mientras bebíamos a morro cerveza barata.

 

Me llevaste a cenar al sitio más asqueroso de todo Berlín para demostrarme que la belleza de las personas es un puente que se traza entre uno mismo y el resto del universo.